Con sólo verlas, no te provoca ni tocarlas.
Como hombre, no puedo entender cómo alguien se arriesga a montarse en un montón de plástico con un aspecto que no se acerca a las hermosas e indomables mujeres. Es decir, que de gracia no tienen ni un poquito.
Algunas tenían una boca que, en lugar de provocarte meter tu "conciencia erecta", más bien parecía un hueco donde meter los volantes del cajero electrónico.
Pero, la tecnología ha cambiado. Han creado las ya famosas Real Dolls, por la empresa Abyss Creations. Según el personal de comercialización, las muñecas reales "Ella llega a tu casa completamente vestida con unos calzones sexy, corpiño, medias ajustadas y un vestido corto pegado al cuerpo. Su pelo es largo, suave y con ondas. Su cuerpo curvoso es firme y de buena musculatura, sus pechos son suaves y flexibles. Sus ojos de largas pestañas te mirarán, y sus labios carnosos estarán abiertos, como invitándote"

Realmente son asombrosas: lindas, arregladas, mirada fija, medidas precisas, no discuten, no cantaletean, te escuchan, y no piden nada (aunque ya pagaste mucho por ella).
Todas las Real Doll miden y pesan lo que una mujer de verdad y están provistas de tres "entradas", de entre las cuales destaca la bucal por su fuerte "efecto succionador". El creador de estas muñecas da sus explicaciones, y toca escucharlo, porque las probó a todas: "Cuando pones algo en una entrada de silicona se forma un vacío y se genera una succión que una mujer real no podría tener. Si cierras los ojos, la sensación que te da la silicona es mejor que the real thing". Puesto que en eso acaba todo, tal vez no esté de más aclarar que las higiénicas muñecas, una de cuyas mayores ventajas es que "no transmiten enfermedades venéreas", vienen con un kit de limpieza.
La curiosidad masculina es la que nos tiene como perros e infieles. Es ese gen de la sexo-diversidad la que nos obliga a cometer errores. Pero, a pesar de que controlamos al máximo este gen de la infidelidad y curiosidad por lo nuevo, es difícil resistirte a pensar en conocer una de estas "mujeres perfectas". Nuestra ventaja es que apenas sepamos el precio, las mandamos pa'l carajo.
Sólo para finalizar, estarán llenas de características deseables, pero nunca dejarán de ser "la otra".


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